Escándalo en La Bombonera: a Boca no le cobraron un penalazo en la última, Paredes estalló contra el árbitro y la clasificación depende de una victoria.

Boca igualó 1-1 frente a Cruzeiro en una Bombonera que terminó envuelta en llamas, por la quinta fecha del Grupo D de la Copa Libertadores. Con este resultado vibrante y lleno de controversias, el equipo dirigido por Claudio Úbeda quedó contra las cuerdas y estará obligado a ganarle a Universidad Católica en la última jornada para meterse en los octavos de final sin depender de la calculadora.

El trámite había arrancado a pedir del Xeneize gracias al olfato goleador de Miguel Merentiel, que facturó a los 15 minutos de la primera mitad tras una buena intervención de Leandro Paredes. Sin embargo, Boca cedió terreno, dejó venir a la visita y los brasileños aprovecharon un hueco defensivo para que Fágner clavara el empate en el complemento. Ni siquiera la expulsión de Gerson en la visita —por un planchazo criminal que casi rompe a Paredes— le alcanzó al local para inclinar la balanza, chocando una y otra vez contra las atajadas de Otávio.

El desenlace fue puro escándalo, con todos los cañones apuntando al árbitro Jesús Valenzuela. El VAR le ahogó el segundo grito a la Bestia Merentiel por una fina mano previa de Milton Delgado y, en la última jugada de la noche, el juez ignoró un penal clarísimo por una mano de Lucas Romero en el área de Cruzeiro. El pitazo final dejó un clima caldeado y a un Paredes completamente desbocado frente a las cámaras: «Estás pelotudeando, es una vergüenza».

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